no le saca la vuelta a la ley

Mujeres cajamarquinas. Foto tomada por marisol Molestina

Discriminación, publicidad y violencia

Algunas reflexiones en torno al Día Internacional de la Mujer

La discriminación se refuerza cotidianamente con asuntos de aparente inocencia pero que calan fuertemente en las mentes y actitudes de las personas, como, por ejemplo, las pautas publicitarias.

Marisol Molestina

Publicado: 2014-03-07

En el Perú existen variadas razones para celebrar el Día Internacional de la Mujer. El crecimiento económico que el país experimenta desde el año 2000 y la creación de una serie de programas sociales dirigidos a favorecer a los sectores más excluidos han sido muy positivos, y han favorecido el empoderamiento de las mujeres, sobre todo las que viven en áreas urbanas. Se registran importantes avances en materia de legislación y políticas públicas, fortalecimiento institucional, reducción de la mortalidad materna y acceso a la educación primaria, por ejemplo. 

En las últimas décadas, con decisión y rompiendo barreras, la mujer peruana ha ido ganando espacios propios en la sociedad. Y no fue nada fácil: han tenido que vencer obstáculos tan duros como el arraigado machismo, la incomprensión, el abuso y la falta de sensibilidad de gobernantes, la mayoría de ellos hombres. Existen muchos ejemplos, tales como los comedores populares autogestionarios, modelo de las posibilidades que surgen a partir de la labor asociada de las mujeres en las zonas urbanas. Se multiplican también los emprendimientos liderados por mujeres y que, a su vez, dan trabajo a muchas otras mujeres. Miles de mujeres profesionales asumen sus responsabilidades con excelencia y, muchas veces, mejor performance que sus colegas masculinos.

Pero todavía persisten brechas que afectan desproporcionadamente a las mujeres y niñas, especialmente las que están en situación de pobreza y aquellas que viven en zonas rurales, andinas y amazónicas, mayoritariamente indígenas. Sin dejar de reconocer que en las últimas décadas se han dado en el Perú importantes cambios en materia legislativa, social, económica y política, que favorecen el reconocimiento de los derechos de las mujeres, se puede asegurar, sin lugar a dudas, que la mujer en el Perú es aún sujeto de discriminación, es decir, sigue enfrentando barreras que le impiden el ejercicio pleno de sus derechos.

Las mujeres peruanas la viven a diario, en todas las áreas en las que se desenvuelven: la vida en el hogar, la educación, el trabajo, los lugares públicos. En la casa se espera que cuiden, limpien, acomoden, cocinen, laven, planchen: según un reporte del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA), de marzo del 2013, las mujeres dedican 24 horas semanales más que los hombres a actividades domésticas no remuneradas. (La mujer peruana no es dueña de su tiempo). El mismo reporte señala que de cada 10 personas que no saben leer ni escribir, 8 son mujeres. (La mujer peruana, especialmente la que habita en zonas rurales y quechuahablantes, no posee las herramientas básicas para capacitarse e informarse). La vida laboral de las mujeres está marcada por múltiples discriminaciones: esto se evidencia cuando consideramos que, en condiciones de igual capacidad, experiencia y educación formal, el ingreso promedio de la mujer equivale en el Perú al 67% del ingreso promedio del hombre (UNFPA, 2013). (La mujer peruana tiene que trabajar más para lograr el mismo nivel de ingresos que un hombre). El acoso callejero es una lamentable realidad que afecta a miles de mujeres peruanas: el simple hecho de caminar por la calle representa un riesgo que genera en las mujeres rabia y frustración, las restringe en la elección de ropa, las hace dependientes de la protección de otras personas y limita los lugares y horas en los que pueden transitar (Observatorio Virtual sobre el Acoso Sexual Callejero). (La mujer peruana sufre de restricciones en su libertad de tránsito y autonomía).

La discriminación se refuerza cotidianamente con asuntos de aparente inocencia pero que calan fuertemente en las mentes y actitudes de las personas, como, por ejemplo, las pautas publicitarias. Se multiplican las vallas en que una mujer, ligera de ropa o en actitud sensual, es utilizada para vender desde ladrillos hasta helados, desde carros hasta plaguicidas. (La mujer como objeto: ella es una cosa cuya posesión promete placer y prestigio). Con algunas interesantes excepciones – estoy pensando en los spots de los pañales desechables Huggies, ver ejemplo –, la imagen de la “señora de la casa” se utiliza para vender detergentes y otros productos de limpieza del hogar, productos alimenticios, electrodomésticos, entre muchos otros relacionados. (La mujer como estereotipo: ella debe comportarse de acuerdo a cánones bien establecidos, debe ofrecernos comodidad y liberarnos de trabajos pesados y poco productivos).

Este problema no tiene carácter anecdótico, no debe ser tomado a la ligera. Una cosa se posee, se usa, se desecha cuando ya no sirve (puedo, por ejemplo, romper mis cosas si tengo mal carácter y he pasado un mal día). Y un estereotipo también es una cosa: no es un individuo, no toma decisiones. Es esa condición de objeto la que responde en buena medida por el mal trato y la violencia hacia las mujeres. Y la situación en el Perú es perturbadora. Con un solo dato revelador basta: el 39% de mujeres reportan haber sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su esposo o compañero; el porcentaje sube a 65.6% si nos referimos a la violencia verbal (UNFPA, 2013).

No se trata de establecer un vínculo fácil entre dos cosas que no se relacionan. La labor del mundo de la publicidad es vender productos, ideas, crear necesidades, encender deseos. Cuando la publicidad se sirve de la mujer para hacerlo no se trata de un acto inocente, sin consecuencias que vayan más allá de las deseadas. Son esas consecuencias las que se deben valorar desde una perspectiva de derechos. Es cierto que, desde su responsabilidad de garantizar los derechos humanos, el Estado debe controlar de manera más efectiva la manera en que se manipula la imagen de la mujer en la publicidad. Pero eso no libera a las empresas publicitarias de su responsabilidad de observar y promover los derechos humanos.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) esta es una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos y el camino que aún queda por recorrer. Sin embargo, si miramos las pautas publicitarias de los periódicos parecería evidente que, en el Perú, se trata de un día en que hay que regalar rosas y chocolates, felicitar a las madres, hermanas, amigas, esposas e hijas por su femineidad, salir de compras para aprovechar de ofertas de bienes y servicios “para mujeres” (ropa, zapatos, joyas, cortes de cabello, masajes y un largo etcétera), “llevar” a la novia o esposa a cenar, es decir, “engreír a las damas”. El comercio, de la mano de las empresas publicitarias, pretende esconder detrás de una nube de humo rosada la verdad sobre el Día Internacional de la Mujer y, lo que es peor, la verdad sobre las mujeres en el Perú.

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La historia y alcances del Día Internacional de la Mujer se pueden consultar en la sección del sitio web de la ONU dedicado al tema (http://www.un.org/es/events/womensday/).


Escrito por

Marisol Molestina

Antropóloga especialista en desarrollo social y derechos humanos.


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